Milagros de San Antonio

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”EL SANTO DE TODO EL MUNDO”.

A San Antonio se le llama simplemente ”el Santo”, o bien ”el Santo de los Milagros”; el Papa León XIII lo llamó ”el Santo de todo el mundo”.
Causa asombro el hecho de que San Antonio, cuya vida fue breve, originara, inmediatamente después de su muerte y hasta nuestros días, semejante río de devoción litúrgica y popular. Y si, desde una orilla, el culto litúrgico coloca el acento en la veneración del ”Doctor de la Iglesia”, desde la otra, la devoción popular subraya el culto al ”taumaturgo”. Es, creemos, el signo de la integridad característica y propia de la devoción antoniana, que se manifiesta, de manera complementaria, en la esfera de la celebración litúrgica y en la de la vida cotidiana del pueblo de Dios.
La presencia de Antonio en la Iglesia es una realidad viva y siempre dialogante. Es una presencia que enriquece, pero que se enriquece a su vez. Es en ese espíritu como debemos saber comprender lo que la devoción antoniana ha construido en torno a San Antonio, el modo como lo ha entendido, los mensajes que ha recogido y resaltado.

Las biografías y sermones del siglo XIII enaltecen a San Antonio ”por su luminosa doctrina y por su profunda bondad, por su solicitud pastoral y por el celo infatigable con que se entregaba a llevar por todas partes la paz”.

El 16 de enero de 1946 Pío XII lo declaró Doctor de la Iglesia con el título ”Doctor Evangélico”.

La fiesta de San Antonio de Padua se celebra el día 13 de Junio. Sus fiele devotos lo celebran con novenas, quinarios, triduos, solemnidades, procesiones etc. en petición o acción de gracias al santo taumaturgo por las gracias y favores que a él se impetran o de él se han recibido.

San Antonio convierte a pecadores empedernidos:

San Antonio convirtió a muchísimos pecadores mientras vivían o se hallaban en peligro de muerte, como es el caso a que se refiere este cuadrito. Su celo apostólico y su predicación no tenían otra finalidad que atraer las almas a Cristo. Tanto en su vida, como después de su muerte por la petición de familiares y amigos de estos pecadores, San Antonio fue famoso por las conversiones obtenidas a descreídos y obstinados pecadores. Famoso fue el caso, en vida del santo, de la conversión de aquel hereje descreído y contumaz que afirmaba que no se convertiría ni creería en el Sacramento, si su mula no caía de rodillas y adoraba al Santísimo.
El santo aceptó el reto. El hereje privó a su mula de alimento durante varios días. Llegó el día de la prueba. El hereje sacó su mula a la plaza del pueblo y ante ella colocó el pienso.
San Antonio, que acababa de celebrar la Eucaristía, llegó a la plaza con el Santísimo, seguido de una multitud de fieles; se colocó en el centro y conminó al animal, diciendo:
”En nombre de tu Creador, a quien yo tengo en mis manos, te mando que te postres inmediatamente ante Él, para que todos estos herejes crean”.
El hereje soltó al animal que, en vez de irse hacia el pienso, fue a postrarse ante el Santísimo. Ante hecho tan portentoso, todos los herejes, convertidos, también se postraron.

San Antonio protege a los navegantes:

Navegaba, desde Calabria a Nápoles, un navío cargado de seda. Al pasar por Sicilia, se levantó una tempestad tan grande, que el barco iba a merced de las olas.
Perdida toda esperanza, se daban todos por muertos, cuando, de improviso, dijo uno confiando vivamente en San Antonio:
”Tomad vos, !oh, Santo!, el cuidado del navío, que a vos lo confiamos todos”.
Los compañeros repitieron con él lo mismo y rezaron el Responsorio. Se apareció el Santo en la popa y, con semblante alegre, les dijo: ”Dejad andar la nave por sí misma, que va bien”, y desapareció. Cesó la tempestad, y, con  viento favorable, arribó la nave al deseado puerto.

San Antonio cura a los enfermos:

Un penitente se acusó ante San Antonio de haber maltratado brutalmente a su madre y de haberla derribado de un puntapié. El Santo para hacerle comprender toda la maldad de su acción, le dijo: ”Este pie con que has ultrajado así a tu madre merece ser cortado”.
Expresión que, interpretando a la letra aquel joven rudo, apenas vuelto a su casa, coge un hacha y se corta el pie.
A vista de aquel espectáculo horroroso, la madre, loca de dolor, corre donde San Antonio y le recrimina amargamente el consejo cruel que dio a su hijo. Soporta el santo con paciencia los desahogos de esa madre y compadeciéndose de su dolor, la sigue hasta su casa.
Allí, contempla al joven herido, junta el pie a la pierna y hace sobre la unión de los miembros la señal de la cruz. Al instante se adhieren los huesos y la carne, y el joven se levanta totalmente curado dando gracias al santo y alabanzas a Dios.

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San Antonio da pan a los pobres:

 

Es muy conocida por los fieles la obra de ”El Pan de los Pobres” de San Antonio, esa obra de misericordia que se realiza a través de la devoción  al Santo y que consiste en ofrecer a San Antonio una determinada limosna para sus pobres en esta obra pía en el caso de que el Santo escuche la petición que se le hace. Muchas familias pobres han visto remediadas sus necesidades a través de ella. Esta obra se originó por muchos milagros realizados por el santo con esta finalidad. Entre estos milagros, puede contarse el siguiente:

Vivía en Tolón Luisa Vouffier, mujer muy devota de San Antonio a quien recurría en los momentos de apuro. Sucedió en una ocasión que se le rompió la cerradura de su almacén. En la imposibilidad de abrirlo, llamó al cerrajero. Éste, después de probar muchas llaves y viendo la inutilidad de sus esfuerzos, se disponía a forzar la puerta cuando la mujer le dijo:
”Acabo de prometer a San Antonio una limosna para sus pobres en caso de que ceda la cerradura. Vuelva, pues, a probar las llaves”.
Apenas el cerrajero introdujo la primera, se abrió  la puerta sin dificultad. Entonces Luisa Vouffier dio, en acción de gracias, la limosna prometida.

San Antonio hace encontrar lo perdido

Si San Antonio es famoso por tantos milagros como hizo y sigue haciendo, es popularmente más famoso por ser el abogado de las cosas perdidas. Además de este milagro, ahí reseñado, del tesoro encontrado, creo que no hay devoto de San Antonio que no pueda aducir algún favor del santo sobre esta materia.

La devoción al santo como abogado de las cosas perdidas tienen su origen en aquel suceso que al mismo santo le acaecció: Un novicio había perdido su vocación y decidió marcharse, no sin antes llevarse el libro de rezos del santo donde tenía anotadas también notas marginales a los salmos y textos de la Sagrada Escritura. Cuando el santo notó la pérdida del libro, rogó al Señor para que le ablandara el corazón al quese lo llevó y se lo devolviera.
Pocas horas después volvía el joven, y se echó a los pies del santo declarando su culpa. Relató que al atravesar un puente se le presentó la visión de un hombre de terrible aspecto que, amenazándole, le conminó a que devolviera el manuscrito robado. El novicio volvió a la Orden y fue un ferviente religioso. Con lo cual la oración de San Antonio obtuvo las dos cosas perdidas: su salterio y la vocación del religioso.

San Antonio conduce pecadoras a la penitencia

Así refiere la frase de este cuadrito, que quiere aludir a la virtud de la castidad en la vida y tareas apostólicas del santo. A San Antonio de Padua no sabríamos reconocerle si no viéramos sus imágenes con el Niño Jesús y un ramo de azucenas en sus mano. Las azucenas son símbolo de la pureza que engendra limpios de alma y de corazón. Y es que San Antonio conservó el condor virginal toda su vida y de su persona emanaba una gracia, una inocencia, una luminosa bondad que atraía a todos los que entraban en el ámbito de sus relaciones. En una ocasión, predicando en una ciudad famosa por sus cortesanas, casas de lenocinio y mujeres dedicadas al oficio, un grupo de estas mujeres fueron a escuchar al santo, más por la curiosidad de ver a aquel de quien se decía que obraba portentos, que por aprovecharse de su doctrina y la santidad de vida.
San Antonio habló con tal profundidad, energía y gracia que su palabra penetró hasta el corazón de estas mujeres arrancándoles lágrimas de conversión y penitencia.
La muerte de San Antonio de Padua

En 1231 predica en Padua toda la Cuaresma, cosa inusitada hasta entonces. Predicaba e impartía catequesis todos los días y dedicaba muchas horas a oír las confesiones de una ingente multitud de fieles que, atraídos por su predicación, se acercaban a su confesonario.
En mayo de 1231 se traslada al eremitorio de Composampiero donde se dedica ala contemplación y a completar los manuscritos de sus sermones.

Se agrava la enfermedad que padecía que su salud (ya muy delicada desde su viaje a Marruecos) irremisiblemente quebrantada. Prevé que su fin está próximo, y quiere morir en Padua. Ruega a sus hermanos que lo trasladen a aquella ciudad. Por el camino su vida se va extinguiendo. Llega al convento de Arcella, y allí, tras recibir los santos sacramentos, muere. Era el 13 de junio, viernes, de 1231. Sus restos mortales son trasladado al convento de Santa María de Padua.

El martes siguinte a su muerte comenzó a fluir en su sepulcro una multitud de milagros que hizo posible que el 30 de mayo de 1232 fuera solemnemente canonizado en la catedral de Espoleto por el Papa Gregorio IX.

 

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